Acetazolamida
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La acetazolamida es un inhibidor de la anhidrasa carbónica usado para reducir la presión ocular en el glaucoma, prevenir el mal de altura y controlar ciertas convulsiones y la retención de líquidos. Es un medicamento sulfonamídico y debe evitarse en cualquier persona con una alergia genuina a las sulfamidas.
Datos clave
- La acetazolamida es un inhibidor de la anhidrasa carbónica usado para reducir la presión ocular en el glaucoma, prevenir el mal de altura, tratar ciertos trastornos convulsivos y reducir la retención de líquidos.
- Se toma en comprimidos o cápsulas de liberación prolongada, con la dosis y el momento de administración dependiendo de la afección tratada.
- La acetazolamida es una sulfonamida. Debe evitarse en cualquier persona con una alergia genuina a las sulfamidas, y se evita en la enfermedad hepática grave, ya que puede desencadenar confusión o coma en ese contexto.
- Causa comúnmente hormigueo en las manos y los pies y sabor metálico; comunica con urgencia una erupción grave, dificultad para respirar o confusión.
Para qué se usa la acetazolamida
La acetazolamida trata el glaucoma de ángulo abierto y algunos glaucomas secundarios reduciendo la presión dentro del ojo, previene y trata el mal agudo de montaña en altitud elevada, controla ciertos tipos de epilepsia como tratamiento complementario, y reduce la retención de líquidos asociada a algunas afecciones cardíacas. También se usa para la alcalosis metabólica en el ámbito hospitalario.
Cómo actúa la acetazolamida
La acetazolamida bloquea la anhidrasa carbónica, una enzima que los riñones y el ojo utilizan para gestionar el equilibrio ácido-base, del bicarbonato y de los líquidos. En el riñón, bloquear esta enzima hace que pase más bicarbonato, sodio y agua a la orina, lo que reduce la retención de líquidos y ayuda al cuerpo a adaptarse a la falta de oxígeno en altitud. En el ojo, el mismo bloqueo reduce el líquido que produce el ojo, disminuyendo la presión.
Antes de tomarla
- No tomes acetazolamida si has tenido una reacción alérgica genuina a medicamentos sulfonamídicos, o si tienes enfermedad hepática grave, enfermedad renal grave, o niveles bajos de sodio o potasio.
- Informa a tu médico de problemas en las glándulas suprarrenales, ya que la acetazolamida puede empeorar la insuficiencia suprarrenal.
- Informa a quien te la prescribe de otros diuréticos, corticoides y medicamentos que afectan al potasio, ya que combinarlos aumenta el riesgo de un potasio peligrosamente bajo.
- Suelen necesitarse análisis de sangre para comprobar los electrolitos y el equilibrio ácido-base antes y durante los tratamientos más prolongados.
Efectos secundarios
Los efectos frecuentes incluyen hormigueo o entumecimiento en las manos o los pies, micción frecuente, mareo leve, sabor metálico y náuseas.
Suspende el tratamiento y busca atención médica urgente ante cualquiera de estos signos:
- Una erupción que se extiende, ampollas en la piel, o fiebre con dolor de garganta, que pueden indicar una reacción grave al fármaco.
- Hinchazón súbita de la cara, los labios, la lengua o la garganta.
- Confusión, somnolencia intensa o color amarillento en la piel o los ojos.
Aspectos esenciales de seguridad
- La acetazolamida es una sulfonamida; cualquier persona con una alergia confirmada a las sulfamidas debe evitarla, y esto se comprueba antes de la primera dosis.
- Se necesitan análisis de sangre periódicos del sodio, el potasio y el equilibrio ácido-base durante el tratamiento, ya que la acetazolamida puede causar acidosis metabólica y potasio bajo, especialmente combinada con otros diuréticos.
- En la enfermedad hepática grave, se evita la acetazolamida porque puede desencadenar confusión o coma al alterar la forma en que el cuerpo gestiona el amoníaco.
Esta página tiene fines educativos y no sustituye el consejo de un médico o farmacéutico que conozca tu historial de salud.